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Sistema MIR, una excelencia más teórica que evaluada

Al hilo de las cada vez más acuciantes dudas que tutores, jefes de estudio, residentes y estudiantes albergan sobre el posible impacto de los recortes docentes en el sistema MIR, Diario Médico ha reunido al pasado, presente y futuro de un modelo docente con 48 años de vida en el que todos, con más o menos matices, siguen creyendo. José María Segovia de Arana, fundador del sistema MIR; Jesús Millán, catedrático de Medicina Interna de la Universidad Complutense; Federico Segura, presidente de la Asociación de Comisiones Docentes y Asesoras (Areda), y Fernando Rivas, vocal de Residentes de la OMC, han analizado los puntos fuertes y débiles del modelo, han criticado sus deficiencias evaluadoras y alertado sobre la falta de reconocimiento de los tutores y, sobre todo, han planteado propuestas para que el sistema sobreviva sin perder su calidad actual.

 

P. Más de 40 años después de la implantación del sistema MIR, ¿cuáles son a su juicio los puntos fuertes y débiles del sistema?
JOSÉ MARÍA SEGOVIA DE ARANA. 
El sistema MIR, que inventé yo en 1964, es, sin duda, una de las mejores cosas que tiene la sanidad española, y esto no lo digo yo, porque el sistema es envidiado en Europa desde su creación. Cuando se implantó inicialmente en el Hospital Puerta de Hierro, de Madrid, con médicos que entonces eran internos, sembramos el germen de lo que es hoy una gran realidad: la docencia en residencia, en un hospital. Y la calidad de los médicos que forma es la mejor prueba de su éxito, pese a los problemas que podamos detectar.

JESÚS MILLÁN. El gran punto fuerte es el que acaba de señalar el profesor Segovia de Arana: los resultados, el médico que se forma. Con todas sus luces y sombras, los resultados son excelentes, porque el modelo escogido aboga por formarse en el puesto de trabajo, que es lo que ahora se pretende hacer en la formación de grado. Ahora bien, hay margen de mejora. De entrada, el examen MIR tiene que ser modificado, porque la práctica que luego se exige al residente no tiene nada que ver con los conocimientos que se le exigían en esa prueba. Otro tema pendiente es la evaluación, y no porque se haga mal, sino porque se puede hacer mejor, sobre todo en materia de metodología y seguimiento de las evaluaciones anuales y, eventualmente, la final. Otro problema es el de la duración y contenido de los programas formativos, pero eso quedará condicionado por la evidente convulsión que supone la troncalidad, y que exige la adopción de un modelo consensuado.

J.M.S.A. Es importante resaltar que el examen MIR actual no está concebido para evaluar lo que sabe el aspirante a ingresar en el sistema, sino para establecer un orden de prelación en la elección de plaza. En suma, no es un examen de conocimientos, sino pensado para establecer un orden.

FERNANDO RIVAS. Discrepo en una cosa esencial con el profesor Millán: cómo se puede afirmar que el sistema MIR es uno de los mejores de Europa y del mundo sin que nadie haya evaluado ese sistema. Yo me siento muy bien formado, pero eso no quita para que no haya datos objetivos que avalen sus presuntas bondades. Y la manera de hacerlo es evaluar a los residentes, con evaluaciones anuales y, quizás también, finales, pero también evaluando a los que forman y a los centros formadores. Con respecto a estos últimos, es clave desprendernos de la etiqueta de que «tengo residentes, luego soy mejor». A muchos se les llena la boca diciendo que han abierto 11 hospitales y todos tienen MIR, cuando en el fondo lo que acaban teniendo es mano de obra barata para cubrir una asistencia necesaria. Aunque el MIR nace con una evidente voluntad formadora, con el tiempo -y esto no lo critico-, los aspirantes van adquiriendo un claro perfil laboral, que es algo que nos distingue del resto de países de Europa:en Italia, el MIR es un estudiante, y se le considera como tal; en Francia, acabar la residencia significa acabar la tesis doctoral, que se suele hacer después de la formación especializada. Aquí hemos mezclado dos conceptos difíciles de unir intelectualmente y que generan conflictos laborales y formativos. Además, por mucho que la prueba MIR sea ordenadora, no deja de ser de conocimientos, y estoy de acuerdo en que es una de las grandes debilidades del sistema, porque habría que encaminarla a lo que se necesita hoy:actitudes, habilidades prácticas y comunicativas.

J.S.A. Quiero matizar que cuando empezamos con el sistema yo era partidario de hacer un examen al final del MIR y aquella propuesta se paralizó por una huelga de los propios residentes.

FEDERICO SEGURA. Creo que una de las grandes ventajas, que todavía no se ha comentado, es la uniformidad del sistema en el sentido de la igualdad de oportunidades de todos los aspirantes para acceder a cualquier especialidad, al margen de que convenga revisar la naturaleza del examen. Entre las desventajas, coincido con Rivas en la deficiente evaluación de los MIR, los profesionales y los centros.

P. En relación con la evaluación, ¿qué pasa con las auditorías docentes, el mecanismo que, en teoría, debe velar por el correcto funcionamiento del sistema?
F. S.
 Creo a pies juntillas que son útiles y necesarias, pero no me atrevería a decir si se están ejecutando correctamente. Lo que sí tengo claro que hay que mejorar en algo clave:aplicar escrupulosamente las medidas de mejora que los resultados de las propias auditorías recomiendan, porque esas mejoras no acaban de llegar nunca, pese a que los auditores dan un plazo, normalmente de un año, para aplicarlas. Creo que desacreditaciones docentes en los últimos años ha habido una o ninguna. ¿El sistema es tan excelente que todos los MIR son tan buenos, que todos aprueban con nota?

F. R. Claro, claro, tampoco hay nunca evaluaciones negativas de MIR…, salvo casos excepcionales de que no vayan a trabajar o tengan problemas puntuales.

F. S. También falla la base, los argumentos. Sin ir más lejos, el 183/2008 [el decreto formativo] tiene 11 ó 12 artículos en el apartado de evaluación y sólo 2 de ellos se centran en el mecanismo para desarrollarlas; el resto habla de la normativa pura y dura (plazos, modos de ejecución, convocatorias…). Por ejemplo, a la evaluación por competencias, la más avanzada, no le dedica ni una palabra.

J. M. Aunque hay instrumentos, estructura y personas para evaluar, desde los auditores del ministerio hasta los propios tutores, no siempre se ejecutan de manera solvente, por decirlo de alguna forma: es sorprendente que en una unidad docente todos tengan la misma calificación, y curiosamente alta o muy alta. Aunque admito que no hay datos concretos, la mejor prueba de que el sistema funciona es la capacitación de los médicos para ejercer su profesión, y, además, los médicos españoles son muy demandados por otros países. La virtud esencial está en que el MIR hace un trabajo supervisado y con responsabilidad creciente en su puesto, aunque luego no seamos capaces de plasmar lo bien o mal que se ha hecho la supervisión de su labor.Esa virtud esencial es la que marca la mejora de la enseñanza de la Medicina, pero tanto del grado, del posgrado y del desarrollo profesional continuo. El modelo inglés, que dejaba la formación continuada en manos de entidades privadas, ya está demandando que vuelva a los hospitales.

J.S.A. Es importante resaltar que, al margen de los mecanismos de acreditación oficiales, la propia demanda de los MIR funciona como un mecanismo oficioso de acreditación de los hospitales. Que los números altos del MIR elijan un determinado hospital para hacer la residencia es el mejor aval de la calidad de ese hospital.

CONCLUSIONES

 

Profesionalizar la figura del tutor
Sólo si se reconoce su labor, el tutor podrá dedicar tiempo específico a la docencia y la investigación, y ello redundará en una mejora de la calidad docente.

Realizar una supervisión efectiva
Los tutores deben supervisar al residente durante todo el posgrado para brindarle un espacio de trabajo seguro en el que ejercer la Medicina. En algunas regiones, Areda ha denunciado que hay MIR que no están tutorizados.

Desarrollo pleno del decreto formativo
Sólo 5 regiones han aprobado el 183/2008, pese a que Sanidad fijó un plazo para hacerlo que expiró hace 3 años. Es básico para fijar criterios formativos.

Programas de formación complementaria
No se aplican en algunas regiones y son necesarios para que el MIR no se dedique sólo a tareas asistenciales.

Desarrollo del decreto de troncalidad
El desarrollo del modelo generará, en teoría, una motivación extra para mejorar el sistema, pero la troncalidad es inviable a coste cero.

 

EL DESARROLLO DEL DECRETO FORMATIVO, VITAL PARA EL FUTURO DEL SISTEMA

El sistema MIR actual ha sobrevivido durante más de cuatro décadas, pero en estos momentos de crisis e incertidumbre económica hace falta introducir cambios para garantizar una formación de calidad a los futuros médicos.

«Es preciso desarrollar el decreto 183/2008 en todas las regiones, así como aplicar los programas de las especialidades e introducir medidas de evaluación», dice Federico Segura, presidente de la Asociación de Comisiones Docentes y Asesoras (Areda).

Los cambios pasan por profesionalizar al tutor que, según Fernando Rivas, vocal MIR de la OMC, es el garante de que la formación del residente sea efectiva y de calidad. «Si se reconoce la labor del tutor, podrá dedicar tiempo a la docencia, y ello redundará en la calidad formativa del residente».

Jesús Millán, catedrático de la Complutense de Madrid, no se atreve a enumerar soluciones para mejorar el sistema actual, pero apunta «que no tiene visos de mejorar si no se cambia la cultura donde se desarrolla la formación especializada».

fuente

http://www.diariomedico.com/2012/12/26/area-profesional/profesion/sistema-mir-una-excelencia-mas-teorica-que-evaluada

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