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La frustración del residente y consejos al estudiante.

Foto Olu Eletu

Siempre he pensado que los estudiantes de medicina no lo teníamos tan difícil como creíamos. Me refiero a “una vez dentro”. Ya sé que entrar no es un camino de rosas…

Digo que no es difícil porque lo tenemos todo hecho. No tenemos que pensar demasiado qué vamos a hacer con nuestras vidas. Estudias, sigues estudiando, vuelves a estudiar… así hasta que completas los seis cursos. Haces tres o cuatro graduaciones “porque te lo mereces”. Y cuando terminas la carrera, te preparas el MIR durante varios meses, eliges la especialidad de tus sueños (o puede que no…) y… voilà, eres residente durante 4 o 5 años más. Un lujo. Entrar en medicina significa, que en el mejor de los casos, no tienes que maquinar qué hacer hasta que no roces la treintena.

Y llega el momento en que eres residente. Lo que siempre has buscado. A los que siempre has admirado. El grado máximo de felicidad.

O, puede que no.

Porque mes a mes van cayendo mitos de lo que tú creías que era la residencia y mes a mes tienes que adaptarte a una nueva situación. De la satisfacción inicial al desconcierto absoluto. No es un arrepentimiento. Sabes que te gusta tu especialidad. Que todos los hospitales tienen sus cosas buenas y sus cosas malas. Sabes que no es en eso en lo que te has equivocado. Podría ser que sí… pero no creo que sea lo más frecuente.

Entonces, solo en las conversaciones más íntimas con tus co-erres de mayor confianza, empiezan a aflorar las sensaciones de si habrás hecho bien en entrar en medicina. Si realmente era eso lo que te imaginabas… si… si…

Y no piensas en dejarlo. No solo por el esfuerzo, sino porque realmente confías en que hubo algo en esa decisión, que ese es tu camino…y que habrá tiempo para buenos y malos momentos.

No es una nota de desánimo para los que ahora empezáis en la aventura. Esto es una nota de “perro viejo” (en realidad solo soy R1… necesito más consejos de los que puedo dar, pero la facultad la siento aún muy cerca) No queráis crecer demasiado rápido. No empecéis la carrera deseando que pasen los años para ser resis… que no es el mundo de yupi. Disfrutad de cada año de carrera. Saboread lo que os dé de sí la medicina. Habrá asignaturas y profesores que os gustarán más que otros, pero no dejéis de disfrutar de todo lo que rodea a la universidad por idolatrar un futuro.

No todo serán días buenos ni meses buenos. Pero no pospongáis vuestras ilusiones al momento en el que seais resis. Esto es todo lo que os puedo decir. ¡Enhorabuena por vuestra decisión! ¡Felicidades por haber llegado hasta aquí!… y… ¡¡Disfrutad!!

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